jueves, mayo 19, 2016

Soy político porque soy actor, asegura Javier Vidal Prada

Javier con su esposa Julie y su mayorazgo

No le pidan o no esperan que el primer actor Javier Vidal Prada milite mañana en alguna organización política venezolana. Él es, genéticamente hablando, anarcosindicalista, como lo han sido sus padres y todas las generaciones anteriores. Pero dejemos que sea el quien explique su claridad ante la política.
¿Cómo ha sido su participación en la vida política venezolana, desde que tiene uso de razón?
A estas alturas de mi carrera debo confesar que mi participación política se inicia desde que comienzo mi actividad pública teatral, es decir, hace ya 45 años, cuando comencé a escribir en la prensa nacional sobre teatro y cultura. El teatro es el más público de las artes, incluso más que el cine y la TV (en los cuales tengo aún actividad) porque estás frente al público con lo público. Cuando hablan de teatro "privado" no lo termino de entender porque el teatro es netamente público, por ende: político. Soy político porque soy actor. Porque escribo teatro, porque dirijo teatro. Porque politizo el teatro. Porque exhibo mis ideas y mi cuerpo como objeto y sujeto de cultura.
¿Llegó a militar en AD, Copei, MAS o el PCV?
¡Jamás! En los tiempos democráticos porque poco me interesaban los partidos. En estos tiempos porque el teatro se convirtió en una herramienta política de expresión y compromiso explícito y contextual. En mi caso la estética tira del carro de la política y no al revés
¿Cuál ha sido su análisis de todas esas agrupaciones políticas, incluso la chavista?
Yo he sido muy infiel en los procesos sufragiales. He perdido en todos los comicios y eso me da mucha holgura e independencia. Me siento muy cómodo y comprometido en la oposición. Siempre he estado en ella y seguiré hasta el fin de mis tiempos. Siendo hijo, nieto y bisnieto de "anarcosindicalistas" me tocó despreciar al comunismo. Para mi familia los comunistas eran unos asesinos que acabaron con los líderes del anarquismo catalán. Mis padres al llegar a Venezuela me inscribieron en un colegio de diocesanos franceses, seguí con un bachillerato de claretianos y terminé mi carrera con los jesuitas donde luego estuve por 25 años como profesor de la UCAB. Agradezco al padre Olaso s.j. por sus clases de filosofía contemporánea donde me mamé real y literalmente El Capital de Marx y palpé de primera mano lo equivocado que andaba ese resentido alsaciano con ese plomazo bíblico donde tuerce la infinitud de la dialéctica en la perfección de la anquilosada y pétrea revolución comunista. Todo un disparate. Todo un fracaso teórico y práctico con el leninismo y demás ismos heterodoxos. Antifascista por ADN. Asimilado a la democracia cristiana por formación y aplaudiendo a la socialdemocracia por su pragmatismo en los tiempos de la globalización económica donde fenecen las banderas del nacionalismo e izan las de las transnacionales.   
¿Podría analizar las posturas ideológicas de todas esas agrupaciones frente el hecho cultural o cuál es el balance que puedes hacer de esos gobiernos?
La cultura y las Bellas Artes han encontrado en los tiempos de la socialdemocracia los mejores momentos de empuje y solvencia administrativa. Los llamados "Adecos" fueron los primeros en asimilar que el Estado tiene deberes con la Cultura. Que es un deber de Estado generar cultura para el país y que la cultura es el continente del contenido de las demás manifestaciones socio-políticas y económicas. No hablo de educación. Insisto en Cultura. Los democristianos, con su pacatería opusa y elitismo mantuano, tendieron a ser paternalistas y la censura se reanimó en todas las ramas comunicacionales. La TV fue la más afectada. Los socialdemócratas legislaron la cultura y promovieron el cine y el teatro sin pasar facturas ideológicas. Tanto así que la gestión siempre iba a parar a manos los camaradas del socialismo montuno o de los fracasados guerrilleros de la escisión adeca una vez descendieron tras la pacificación copeyana. La mejor gestión cultural estuvo en tiempos de CAP II en manos del maestro José Antonio Abreu. Duélale a quien le duela.   
La revolución se debate entre la destrucción y la indiferencia. Es decir: no hay dialéctica que valga. No hay tesis, no hay antítesis: cero síntesis. A diferencia de la soviética o la cubana, aquí se realizó una sistemática y metodológica pulverización de las instituciones culturales que se iniciaron con la razzia de 2001 y las 40 cabezas degolladas de la intelligentzia democrática que Manuel Espinoza ofreció en bandeja de plata al comandante insepulto. Ha habido una mimetización del militarismo en la administración estatal. Y el militarismo es la anatema de la cultura y la civilización que viene de civilismo, civil. Tanto así que la primera actividad que realiza el nuevo Ministro de la Cultura es crear un "estado mayor" ¿Más claro? La cultura del PSUV: Un cuartel con el sargento O'Hara y Rin Tin Tin incluido. 
¿Qué hacer en estos momentos? ¿Cómo vislumbra  el devenir?
A falta de políticas públicas. Emerger con la sobrevivencia privada. El porvenir es un cataclismo sino se produce el cambio que el país le acaba de exigir al corrupto poder. Con votos cambiamos un poder. Ahora toca cambiar, con el voto revocatorio, el poder ejecutivo y el putrefacto Palacio de Justicia. Desconocer el necesario clamor de un país es la más diáfana expresión del fascismo dictatorial y bananero (¿petrolero para nosotros?). El actual régimen es corrupto, es inoperante, incapaz, es miserable. Y, ojo, estamos hablando de un 92% de rechazo a la actual situación. Jamás en la historia de las estadísticas ha aparecido esta cifra en el rechazo de un régimen y de una situación-país. Habrá porvenir si se produce el cambio con el debido proceso constitucional. Aquí solo quiere violencia el poder corrupto que no quiere soltar el hueso. La violencia es propia de los militares. No de la Cultura. El triunfo del militarismo es la destrucción de la cultura de un país. Hitler, Franco, Mussolini, Castro... son referencias.
¿Estaría dispuesto a participar en un proceso electoral para un cargo parlamentario?
No.


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